domingo, 18 de mayo de 2014

Falsificaciones de Gama Alta

Desde que hace ya algo más de un año me adentré en el mundo de las falsificaciones, he tenido la ocasión de descubrir cuáles de esas "leyendas urbanas" sobre las copias ilegítimas son ciertas y cuáles no. 

Una de esas teorías que aún no había confirmado afirmaba la existencia de diferentes calidades en prácticamente todos los productos falsificados. Según este rumor, existen falsificaciones de baja calidad que se distribuyen en los canales no oficiales más populares (puestos ambulantes, en los pasillos del metro y en mercadillos), y toda una gama de diferentes niveles de calidad obviamente a precios muy distintos más difíciles de adquirir y que requieren el acceso a los circuitos más exclusivos del mercado de las copias de gama alta. 

Obviamente, las falsificaciones que todos conocemos  con precios increíblemente baratos van destinadas a un público que busca un producto de baja calidad y que lejos de estar dispuesto a pagar el precio del artículo original, ni siquiera aspira a hacerlo pasar por un producto genuino. Comparando estas falsificaciones con los productos originales, resulta extremadamente fácil distinguirlos. Con frecuencia los modelos ni siquiera se corresponden con los diseños originales, y los materiales empleados son de muy baja calidad. Aún recuerdo, cuando hace dos veranos inspeccioné por curiosidad un falso billetero de Tous que me ofreció un vendedor ambulante cargado con un enorme petate recorriendo la playa al grito de "original, original,¡muy barato y muy bueno! ¡Bolsos, carteras, relojes!". Mis dedos quedaron cubiertos de una sustancia extraña reblandecida por el sol que hacía las veces de pegamento entre las partes de plástico mal troqueladas que componían la cartera. Pasé el resto de la mañana con la arena pegada a las manos tratando sin éxito de eliminar el pegamento de mis dedos. 

Puesto ambulante con réplicas de mala calidad de bolsos de diseño. 
Sin embargo, según los rumores, es posible encontrar copias de muy alta calidad 'Fabricadas con los mismos materiales y en las instalaciones oficiales' afirman los más entendidos. Traté de encontrar esas falsificaciones de calidad en Chinatown hace nos meses. Pero a mi acompañante no le atraía la idea y mis ganas de aventura se habían visto mermadas por la intensa actividad del viaje... de modo que no llegamos a adentrarnos en ninguno de esos sótanos con accesos escondidos repletos de réplicas idénticas a los originales. 

Por otro lado, el discurso de los representantes de las marcas de lujo, dista mucho de esta teoría. Se esfuerzan por rebatir todas estas hipótesis, asegurando que tienen un control absoluto sobre toda su canal de distribución y sus fábricas de producción. Insistentes afirman que sus productos no llegan a los clientes fieles a la marca y que las copias de los mismos son toscas y de tan mala calidad que nunca podrían hacerse pasar por auténticas. Su batalla está en los tribunales, y el perjuicio que el mercado de las falsificaciones les ocasiona consiste en el descontento de sus clientes por ver las calles plagadas de copias burdas de los productos por los que ellos han pagado una gran suma, y del uso ilegítimo de su imagen de marca. 

Indecisa entre las dos posturas pero tentada de creer la versión oficial de las marcas, hace poco más de un mes me topé con esta noticia: "Cae una red de falsificadores de Bolsos de Lujo 'Made in Spain'". Resulta que no necesitaba ir a Nueva York para dar con una falsificación de Gama Alta. Ni siquiera se habían fabricado en China, aunque se explotaba igualmente a quienes confeccionaban los artículos, cambiando niños encerrados en un sótano por mujeres mayores costureras de profesión. 

Disponían de máquinas para el tratamiento de los materiales (cuero y telas), de primera calidad todos ellos, y de planchas y troqueles que les permitían replicar con excatitud hasta el logotipo de las marcas y hasta los remaches de los cierres. Ningún detalle del modelo original faltaba en estas réplicas, hasta incluían los correspondientes certificados de autenticidad. 

Troqueles, abalorios y planchas incautadas por la Policía Nacional durante la operación. 

Cada Louis Vuitton, Loewe o Prada se vendía por entre 200 y 400 euros y confeccionarlos costaba entre 50 y 100 euros dependiendo del modelo. El coste de la producción es considerablemente inferior al de los originales a pesar de realizarse con materiales de primera calidad, pues no incluyen ningún coste de instalaciones, licencias, impuestos... y la remuneración de estas costureras era un coste marginal casi despreciable en el precio de venta. 

La venta se efectuaba en showrooms previa cita y el negocio funcionaba a través del boca a boca. La organización disponía de una red de pisos clandestinos donde presentaban las "colecciones" a sus clientas dispensándoles un trato exquisito y todo tipo de atenciones. 

Resuelta la duda sobre la existencia de falsificaciones de Gama Alta, la pregunta que ahora me planteo es ¿por qué pagar el precio del artículo original pudiendo adquirirlo por una fracción del precio oficial? 

Las razones son muchas, pues detrás de estas organizaciones se explota a gente que trabaja de forma infrahumana, se financia el crimen organizado, se enriquecen delincuentes que no pagan ningún impuesto por su actividad, se daña la Marca España... Pero lo que parece evidente es que existe un gran mercado de falsificaciones y muchos tipos de clientes, algunos ignorantes de todo lo que hay detrás de esas prácticas, otros menos escrupulosos o convencidos de su participación en este entramado es la menos perjudicial, (pues siempre habrá alguien que compre el artículo una vez está en el mercado) y todos ellos aspirando a las bellas promesas de felicidad de las campañas publicitarias. 



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